La respuesta corta es a los 7 años. La larga es más interesante, porque la razón no tiene que ver con enderezar dientes, sino con algo que solo se puede aprovechar durante unos pocos años de la vida.
La confusión más común
Casi todos los papás que llegan al consultorio me dicen lo mismo: “vamos a esperar a que le salgan todos los dientes”. Es una idea razonable si uno piensa que el tratamiento consiste en alinear piezas. Y para eso, efectivamente, hay que esperar.
El problema es que muchos casos no son de dientes. Son de hueso. Y el hueso solo se puede modificar mientras crece.
Dos problemas distintos que se ven igual
Imagina dos niños de 8 años, ambos con los dientes de enfrente encimados. En el primero, los maxilares tienen el tamaño correcto y los dientes simplemente salieron girados: ese caso se resuelve más adelante con brackets, sin prisa.
En el segundo, el paladar es estrecho. Los dientes están encimados porque literalmente no hay lugar para todos. Aquí esperar significa que a los 14 años, con el crecimiento terminado, la única forma de generar espacio será sacar dientes permanentes sanos o, en casos severos, recurrir a cirugía.
A simple vista los dos niños se ven igual. La diferencia se ve en una radiografía y una cefalometría. Por eso la valoración temprana no es un lujo: es lo que distingue un caso del otro cuando todavía se puede hacer algo distinto.
A los 7 años se puede ensanchar un paladar con un aparato que el niño ni siente. A los 16 ese mismo hueso ya está fusionado y el mismo objetivo requiere cirugía.
Por qué justo a los 7 años
Es la edad que recomienda la Asociación Americana de Ortodoncia, y hay una razón biológica detrás. Alrededor de esa edad ya erupcionaron los primeros molares permanentes y los incisivos centrales. Con esas piezas en boca ya se puede ver:
- Cómo engrana la mordida por atrás, que define la relación entre maxilar y mandíbula.
- Si hay espacio suficiente en la parte de enfrente para los dientes que aún faltan.
- Si existe mordida cruzada, abierta o profunda.
- Si hay hábitos que están deformando la arcada.
Y, sobre todo, todavía quedan varios años de crecimiento activo por delante. Ese es el recurso que no se puede reponer.
Señales que no deberías dejar pasar
Si observas cualquiera de estas cosas, vale la pena una valoración aunque tu hijo sea menor de 7 años:
- Los dientes de arriba muerden por dentro de los de abajo.
- Al cerrar, los dientes de enfrente no se tocan.
- La mandíbula se desvía hacia un lado al cerrar la boca.
- Respira por la boca, ronca o duerme con la boca abierta.
- Se sigue chupando el dedo después de los 4 años.
- Perdió un diente de leche por caries o por un golpe.
- Le cuesta trabajo morder o masticar ciertos alimentos.
Un caso especial: la respiración bucal
Este merece párrafo aparte porque se subestima mucho. Un niño que respira por la boca mantiene la lengua abajo en lugar de apoyada en el paladar. La lengua es la que, con su presión constante, ayuda a que el paladar se ensanche durante el crecimiento. Sin ese estímulo, el paladar se estrecha y la cara tiende a alargarse.
En estos casos el tratamiento nunca es solo dental. Hay que averiguar por qué no respira por la nariz —amígdalas, adenoides, alergias— y trabajar en conjunto con el otorrinolaringólogo. Si solo se ensancha el paladar sin resolver la causa, el problema regresa.
Que la valoración sea temprana no significa tratamiento inmediato
Esto es importante decirlo. En una buena parte de los niños que valoro a los 7 años, la conclusión es simplemente: “todo va bien, nos vemos en un año”. Y eso también es un resultado valioso, porque descarta.
Cuando sí hay indicación de tratar, muchas veces se trata de una primera fase corta —de 8 a 12 meses con un aparato— seguida de un periodo de observación de varios años, y después, si hace falta, la ortodoncia con brackets ya en la adolescencia. Es una carrera de fondo, no un tratamiento continuo de diez años.
En resumen
- La primera valoración va a los 6 o 7 años, o antes si hay mordida cruzada.
- No se valora para poner brackets: se valora para ver si hay un problema de hueso.
- El crecimiento es un recurso con fecha de caducidad y no se puede reactivar.
- Tratar a tiempo reduce la necesidad de extracciones y de cirugía en la edad adulta.
- Muchas valoraciones terminan en “solo vigilamos”, y eso está perfectamente bien.